Sunday, 13 September 2009

Grimoire


Por fin.

La idea surgió un poco a lo tonto, como suele pasar. Llevaba tiempo con ganas de hacer algo con un cuaderno de formato japonés, motivado (como es habitual) por la obra de Jose Robledo, así que al final el año pasado tuve la oportunidad de invertir el tiempo de la asignatura de Idea en ello. Y decidí hacer un grimorio.


Me explico.

Imagino que ya os sonará la palabra: un grimorio es un libro mágico medieval, un volumen lleno de conjuros, listas de ángeles y demonios, instrucciones para la invocación de criaturas sobrenaturales, y en general todo tipo de perlas de sabiduría ocultista. Os sonarán los libros inefables que Lovecraft citaba todo el tiempo en sus relatos: el Necronomicón, los Cultes des Goules, De Vermis Misteriis y esas cosas. Pues algo así.

Esos no existían, pero este sí. Por fin.


Como los moleskine de este formato son caros y bonitos, y es legendario mi temor hacia las cosas caras y bonitas destinadas a que dibuje sobre ellas, me fabriqué mi propio cuaderno en plan Bricomanía. Ya que me ponía usé un papel algo más resistente que el de los moleskine, super alfa de grabado, el Clint Eastwood de los papeles; con un par de tiras de 110x16 cm dobladas en fuelle, cartón gris para las tapas, cartulina para forrarlo y una tarde de trabajo ya tenia un cuaderno bien digno, sólido y económico, aunque lamentablemente no tan cool y bohemio (tsk).


El libro tiene dos partes, cara A y cara B: una es una vista general de un club nocturno lleno de gente, más que nada un friso de figuras donde las criaturas sobrenaturales caminan entre mortales, mezclados dioses, demonios, ángeles, bestias, personajes de todas partes y mis propios amigos, aunque no todos (lamentablemente). Lápiz rojo, tinta y acuarela mayormente.

Pulsen y vean

La otra cara es el grimorio en si; las criaturas están destacadas y aparecen en "verdadera magnitud", por decirlo de alguna manera, descritas e invocables. O lo serían si hubiera texto de verdad; la intención era darle un aspecto mágico, críptico e irreal, no que nadie acabara con una gorgona en su salón. Cosa que ojalá pudiera hacer, por cierto. En esta cara aparece la anterior silueteada en rojo en algunas partes, como la sombra de otra realidad, y reforzando la conexión entre un punto de vista y el otro. Lápiz rojo, tinta, acuarela, Edding, Posca y ojo de tritón.

Pulsen y vean one more time

El resultado lo estais viendo; el proceso ha sido muy irregular, con pausas demasiado largas y prisas en el último momento (trocitos aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), y con todo aun no se si estoy del todo satisfecho, si he alcanzado lo que pretendía y si es este de verdad el final. Puede que algún día retome el proyecto en otro formato, reinterpretado, reorganizado y replanteado, o puede que nunca vuelva a pensar en ello. Al menos he aprendido un par de cosas por el camino.


Y al menos he podido con el maldito cuaderno antes que él conmigo. Que ya es bastante.