
Hace unos días (o semanas, en vacaciones el tiempo deja de tener sentido) tuve ocasión de ver en un rato tonto
Resident Evil: Extinction, tercera parte de la saga inspirada en el juego ese que copiaba al
Alone in the Dark (cabrones). Y sorprendentemente no es tan mala como cualquier persona sensata podría esperarse (con esto quiero decir que no llega a los extremos de indecencia de la
segunda, gracias al Señor). No nos engañemos: es una
basura, pero la ambientación mezcla de
Mad Max y
El Día de los Muertos (a las que fusila vilmente) es realmente atractiva, alcanzando un puntillo de gloria a nivel estético con
Alice, el personaje de Milla Jovovich. Milla, cómo te queremos. A ti y al de diseño de vestuario.
Aparte de eso, maravillas tales como cuervos zombies (chúpate esa, Hitchcock), una chica llamada Burger (K-Mart en versión original, digo yo que podrían haberlo traducido como Badulaque, ya que estaban) , poderes psíquicos porque sí y un nivel de topicazo y tontería general en ciertas escenas que hará las delicias de los fans de Uwe Boll, si es que hay alguno. Pero el caso es que es bastante entretenida, incluso sin estar borracho, que para lo que es nos basta y nos sobra. Y la dureza de Oded Fehr fumándose su último pitillito rodeado de zombies es indescriptible.
Así que ya sabeis, niños y niñas, si no teneis nada mejor que hacer en una de estas terribles tardes de agosto, hay cosas peores que ver. Ya hablaré de House of the Dead algún día.
Welcome to Marlboro Country